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Participación ciudadana

Objetivos

En esta entrada vamos a tratar la participación ciudadana, el segundo de los pilares del Gobierno Abierto. Pretendemos conocer en qué consiste la participación ciudadana, cuál ha sido su evolución y qué formas de participación se han desarrollado recientemente. También conoceremos el papel de la participación ciudadana como pilar del Gobierno Abierto, estableciendo sus principales dimensiones y nos acercaremos a las nuevas formas de participación en un entorno digital y los retos y oportunidades que presenta. Asímismo, conoceremos el modelo de madurez de la participación, elaborado por la Asociación Internacional de Participación Pública. 
En concreto, los objetivos que se persiguen en esta unidad son los siguientes: 
  • Conocer qué es la participación ciudadana.
  • Entender el papel de la participación en la democracia a través de su evolución.
  • Acercarnos a las formas de participación y su relación con el Gobierno Abierto.
  • Analizar las dimensiones de la participación.
  • Estudiar el modelo de madurez de la participación.
  • Establecer retos y oportunidades para la participación en la actualidad.

Introducción histórica de participación

En los últimos tiempos la ciudadanía ha cambiado su rol en el espacio político: ha pasado de tener un papel pasivo a constituir un eje sobre el cual se articulan las decisiones políticas en un contexto de Gobierno Abierto. En este sentido, las administraciones públicas y los gobiernos deben ser capaces de dar respuesta a las demandas sobre los problemas públicos que los ciudadanos y ciudadanas plantean.  
Cada vez encontramos más ejemplos de asuntos públicos en los que la participación cobra especial relevancia. Decisiones como las políticas energéticas a nivel estatal, la peatonalización de una zona de la ciudad o incluso la finalidad de una parte del presupuesto municipal son ejemplos de cuestiones que pueden resolverse con la participación de la ciudadanía, que cada vez desea con mayor ímpetu participar en los asuntos públicos.
Esta voluntad de participar no es nueva. La participación ciudadana como mecanismo a disposición de la ciudadanía para que esta intervenga en los asuntos públicos es un elemento que viene desde el momento inicial del propio concepto de democracia en la polis griega. Más recientemente, autores como Rousseau (siglo XVIII), Toqueville o Stuart Mill (siglo XIX) ya hablaban de la participación ciudadana como elemento fundamental para las sociedades democráticas. 

Definición de participación

Entendemos la participación ciudadana como un proceso (unido a una actitud, que se fundamenta en derechos y obligaciones) a través del cual la ciudadanía colabora con los gobiernos y las administraciones públicas en la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas.
La participación ciudadana se define como el proceso a través del cual se desarrollan las actividades con las que la ciudadanía logra una mayor implicación en el diseño, gestión e implantación de las políticas públicas, con una actitud centrada en ser parte (y no solo tomar parte), ampliando derechos y generando obligaciones sobre el bien común.
Por un lado, la participación es un proceso que es cooperativo, inclusivo, transversal, continuo, escalable, planificado, transformador, coherente, distribuido y empoderador. La participación ciudadana también es una actitud, que implica autonomía, libertad, responsabilidad, que requiere interés por ser parte y no solo por tomar parte, una escucha empática, respeto, confianza, compromiso, civismo… También la participación ciudadana es un derecho, que se materializa al poder participar y ser parte activa en las decisiones públicas que nos afectan, pero que también es una obligación ciudadana orientada al bien común.
A través de los mecanismos de participación, se consigue que los ciudadanos expresen su opinión sobre todos aquellos proyectos públicos que les afectan, pero también debe permitir a las administraciones públicas y gobiernos tener acceso a un conocimiento, muy disperso hoy en día, sobre muy diferentes materias, que se encuentra en la denominada sociedad civil.
La participación ciudadana se encuentra en un proceso de transformación constante, como consecuencia del aumento en la difusión de nuevos valores 2.0, colaborativos y abiertos. 
En este contexto, la ciudadanía dispone de diferentes herramientas que les permite hacer público sus propios pensamientos y propuestas de forma horizontal, esto es, interactuando con otros ciudadanos en un espacio de igualdad. En otras palabras, la ciudadanía cuenta con la oportunidad de desarrollar nuevas maneras de acercarse a las instituciones rompiendo las tradicionales reglas derivadas del modelo burocrático.

Evolución de la participación ciudadana

Las tecnologías sociales han sido un elemento acelerador de la nueva participación ciudadana. A través de dichas tecnologías, plasmadas principalmente en las redes sociales, la participación ciudadana ha encontrado una nueva forma de vincular a la ciudadanía con sus gobiernos y administraciones públicas, apareciendo así un nuevo término, e-participación o participación electrónica, que más recientemente se ha transformado en Participación 2.0, ejercida por lo que se denomina ciudadanía en red.
En este contexto han quedado patentes las enormes posibilidades que ofrece una plataforma de participación en la que el conocimiento de diversas fuentes puede ponerse en común y compartirse a través de las nuevas tecnologías. En este sentido, se puede afirmar que la participación fluye en una doble dirección: por una parte, las personas pueden, en función del conocimiento que tienen de las actuaciones públicas, participaren su definición y en su ejecución, pero también las administraciones públicas y los gobiernos tienen la posibilidad de enriquecer directamente sus decisiones y su ejecución en términos de impacto. Esto se puede realizar a través de la escucha activa y en tiempo real. De nuevo, el punto que marca la diferencia respecto a iniciativas anteriores, en gran medida fallidas, es la disponibilidad de tecnologías que hacen este ambicioso objetivo factible. 
A pesar de lo anterior, la nueva manera de configurar la participación ciudadana no puede depender en exclusiva de las tecnologías sociales, sino que más bien debe apoyarse en ellas para lograr un cambio de valores y de los escenarios tradicionales donde se ha llevado a cabo. En otras palabras, revisitar la participación ciudadana significa actualizarla dentro de un contexto en el que las tecnologías se convierten en un soporte indispensable para diferentes esferas de la vida de las personas, pero al mismo tiempo sin dotarlas de un contenido simbólico que exceda sus capacidades o pretenda que resuelvan por sí solas todos los problemas de índole cultural, político o institucional. Si vemos la tabla, la idea consiste en transitar hacia una ciudadanía en red, integrando varios niveles relacionados con el uso de las tecnologías. 
Hacia la ciudadanía en red

Modelo de madurez de la participación ciudadana

La Asociación Internacional de Participación Pública ha establecido una escala que denomina “escala de participación”. Esta escala supone un modelo de madurez de la participación, desde su situación inicial, consistente en informar, hasta el estadio último, que trata del empoderamiento ciudadano.  En este modelo de madurez se determina que a la hora de programar cualquier proceso de participación es necesario que las administraciones públicas y los gobiernos desarrollen un conjunto de acciones ordenadas y coordinadas
En este sentido, lo primero que deben hacer es informar de forma equilibrada, útil y objetiva, de forma que la ciudadanía pueda conocer la realidad para plantear alternativas y soluciones. 
En el segundo nivel de participación, las administraciones públicas y los gobiernos deben consultar. Ello implica obtener la información proveniente de la ciudadanía para realizar análisis, plantear alternativas o tomar decisiones en la esfera pública.
En tercer lugar, es necesario involucrar a la ciudadanía. Esto supone trabajar directamente con las personas durante todo el proceso de participación, teniendo en cuenta sus opiniones con la finalidad de que el proceso mejore asegurando que las decisiones que se toman han sido comprendidas por el conjunto de actores participantes.  
En cuarto lugar, la colaboración (el último de los tres pilares sobre los que se asienta el Gobierno Abierto) es fundamental para el desarrollo de todas las acciones relacionadas con la participación. Con ello, se llevará a cabo todo el proceso de decisiones conjuntamente con la ciudadanía, incluyendo las alternativas posibles y las soluciones preferibles.
Y, finalmente, la última etapa de este modelo es el empoderamiento ciudadano. El empoderamiento ciudadano está orientado a dejar en manos de la ciudadanía la decisión final sobre las cuestiones públicas. El compromiso de las instituciones públicas debe ser aquí implementar lo que la ciudadanía decida. 
En base a estos puntos, en cada una de las fases, las administraciones públicas y los gobiernos aplicarán el nivel de participación más acorde con sus correspondientes acciones y herramientas.  
Escala de participación

Nuevas formas de participación en un entorno digital

El Gobierno Abierto y el mundo digital se encuentran directamente relacionados. Por ello, en el contexto de la participación, las nuevas tecnologías sociales constituyen un elemento de cambio que facilitan la distribución de información de forma proactiva, el desarrollo de trabajos de forma colaborativa, con un uso fácil, así como la centralización de los resultados en las propias personas usuarias, que son quienes aportan el valor a la participación.
En el actual contexto dominado por lo digital, la evolución de la participación ciudadana ha impulsado el desarrollo de valores como la colaboración, la transparencia, el trabajo en red, la inteligencia colectiva, etc. De este modo, las formas tradicionales de participación (reuniones programadas, asambleas, consejos de barrio, etc.) han quedado como elementos que deben ser desarrollados de forma complementaria a las herramientas de participación que nos ofrecen las tecnologías 2.0. 
En respuesta a esta realidad, en los últimos tiempos se han creado diversas plataformas 2.0 especializadas en la participación. En ellas se promueve la participación digital de carácter individual, a través de acciones ligadas a los diferentes niveles de participación a los que se ha hecho referencia anteriormente. Se pueden encontrar ejemplos destacados en las ciudades de Madrid y Sevilla, cuyas plataformas (Decide MadridDecide Sevilla) permiten realizar peticiones, promover votaciones o decidir sobre el destino de una parte de los presupuestos municipales. 
La participación en estos entornos digitales comporta que las administraciones públicas tengan un papel más pasivo, centrado en la facilitación, rompiendo las reglas tradicionales de la participación, promoviendo un espacio de igualdad entre la ciudadanía y las propias administraciones públicas y, en definitiva, otorgando un mayor protagonismo a la ciudadanía en la toma de decisiones. 

Transversalidad e identidad de la participación ciudadana

La participación debe impregnar por completo las administraciones públicas y los gobiernos en sus diferentes ámbitos y áreas de actividad. En este sentido, el hecho de tener en cuenta las características concretas que deben poseer los procesos participativos pierde relevancia en favor de la transformación de los valores de las administraciones pública para convertirlos en transversales. 
Esto implica que la adopción de los valores participativos se realice en la totalidad de la Administración Pública y, a la hora de desempeñar cualquier tipo de actividad o proceso, en la formulación de una política pública. Esta dimensión transversal podría visualizarse como un tensor respecto de la identidad propia de la participación como política pública singular.
Por tanto, la transversalidad supone impregnar diferentes escenarios de política pública, sin que ello impida atender la identidad de la participación ciudadana y su papel dentro de ellas. Más bien al contrario, esta tensión se libera a través de filtrar la participación ciudadana en el conjunto del ciclo de las políticas públicas, de manera que se convierte en una forma de hacer y en un medio de enriquecimiento constante para cada una de las acciones de las administraciones públicas y gobiernos, que no solo permite mejorar la identificación de los problemas públicos, sino también los procesos de adopción de decisiones, así como la implementación de soluciones y la evaluación de resultados e impactos. 

Retos y oportunidades de la participación ciudadana

La participación ciudadana presenta numerosos retos y desafíos en entornos de Gobierno Abierto. Sin embargo, se trata de unos retos que pueden ser convertidos en oportunidades si las administraciones públicas y los gobiernos saben reaccionar correctamente ante ellos, aunque varían dependiendo de la tipología y organización de cada administración pública.  
Este conjunto de elementos se puede resumir en los siguientes:
  • Brecha digital. El uso y difusión de la participación ciudadana a través de las nuevas tecnologías es algo muy característico de nuestros tiempos; sin embargo, hay que tener presente que el acceso a este tipo de tecnologías no está extendido al conjunto de la población.   
  • Crisis de la democracia representativa y de la confianza en las instituciones. La evidencia es que los sistemas políticos han evolucionado de una democracia representativa a un nuevo contexto en el que el poder está más repartido entre representantes políticos, administraciones públicas y ciudadanía. 
  • Transversalidad. El desafío se centra en impregnar el conjunto de administraciones públicas y gobiernos de los valores de la participación. En este sentido, es importante adquirir el compromiso permanente y de toda la organización a la hora de desarrollar cualquier proceso participativo. 
  • Cambio en las organizaciones. Se trata de evolucionar de una organización desde la que se dirige a una organización desde la que se coordina. 
  • Complejidad para fomentar la participación ciudadana. Siempre conlleva riesgos y dificultades. Podemos encontrarnos con una demostración de frustración por parte de la ciudadanía, generación de tensiones entre diferentes sectores sociales, escasa participación, ralentización de la gestión de los asuntos públicos, costes, cuestiones de índole política, etc. Un conjunto de elementos que hacen que la implementación de la participación sea más compleja de lo esperado inicialmente. 
  • Cumplimiento de los compromisos y rendición de cuentas. Este punto se encuentra en conexión con la transparencia, la comunicación y la devolución de los resultados a la ciudadanía. Debe darse un contexto de corresponsabilidad, en el que tanto la ciudadanía como los gobiernos y administraciones públicas actúen de forma activa y coordinada. 
  • Mecanismos de evaluación. Existe una carencia importante en lo concerniente a la evaluación de los resultados de la participación. Es necesario conocer quién participa, con qué finalidad, en qué contexto, etc. Incluso la procedencia y otros datos socioeconómicos.
  • Falta de protocolos en la implementación de la participación. Se trata de una cuestión general que contribuye a afrontar el resto de retos y mejorar las oportunidades. La elaboración de pautas de actuación y la simplificación de la burocracia fomentarán la cultura del cambio en las organizaciones públicas. 

¿Cómo debe ser la participación?

La participación ciudadana debe articularse teniendo en cuenta las características del Gobierno Abierto. De este modo, deberá disponer de las tecnologías necesarias que hagan posible una participación colaborativa y relacional, centrada en compartir conocimiento. 
Estos cambios tecnológicos en el contexto del Gobierno Abierto promueven la renovación de los códigos éticos y las pautas de actuación de las organizaciones públicas, que entienden la participación como un elemento que requiere de estructuras más delgadas y ágiles, que superen el sistema burocrático tradicional y que, además, tengan en cuenta la doble vía de participación: tradicional y 2.0.  
Además de los cambios en la estructura de las administraciones públicas, también se debe tener en cuenta la necesidad de modificar la normativa que regula los procesos de participación. Las normas deben ir encaminadas a la promoción de los nuevos valores de la participación, garantizando el objetivo final de alcanzar una nueva gobernanza pública inteligente, que sitúa a la ciudadanía en una posición central del proceso de participación.
Por otra parte, hay que indicar que la incorporación en las decisiones públicas del conocimiento disperso en la sociedad se ha de convertir en el centro de la gestión pública participativa.
A modo de resumen, podemos establecer que la participación ciudadana debe:
    • Ser accesible para toda la ciudadanía, independientemente de sus condiciones y su entorno, facilitando la igualdad de oportunidades. 
    • Resultar comprensible y sencilla, dejando en la mínima expresión la burocracia y los procedimientos que la hacen más compleja.
    • Establecerse como un derecho previsto en la legislación de forma regulada y protegida. Ello implicará que la participación sea real y efectiva.
    • Constituirse como un nexo que contribuya a la horizontalidad entre los gobiernos y las administraciones públicas con la ciudadanía, con la finalidad de establecer un sistema corresponsable.
    • Contar con suficientes recursos por parte de las administraciones públicas y gobiernos, es decir, un apoyo suficiente por lo que respecta a recursos técnicos, humanos, económicos, etc.
    • Garantizar una participación de calidad con intervención directa en los procesos de toma de decisiones.
    • Aplicar las tecnologías de la información y la comunicación como cauce fundamental para su desarrollo sin dejar de lado los cauces tradicionales. 
    • Promover la información y comunicación necesaria entre los diferentes actores para optimizar las actividades y engendrar resultados más transparentes y eficientes
    • Incentivar a la ciudadanía a tomar parte de los problemas públicos, concienciando sobre la importancia para todos de un entorno participativo. 
    • Disponer de una continuidad en el tiempo, adaptándose a los futuros cambios que se puedan experimentar. No se trata de participar sobre una cuestión en concreto, sino de configurar un entorno de participación constante. 

Para saber más


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Para crear y editar vídeos:
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